Diniz, D. G.; Bento-Torres, J.; da Costa, V. O.; Carvalho, J. P. R.; Tomás, A. M.; Galdino de Oliveira, T. C.; Soares, F. C.; de Macedo, L. D. e. D.; Jardim, N. Y. V.; Bento-Torres, N. V. O.; Anthony, D. C.; Brites, D.; Picanço Diniz, C. W. The Hidden Dangers of Sedentary Living: Insights into Molecular, Cellular, and Systemic Mechanisms. International Journal of Molecular Sciences, 25(19), 10757 (2024).
DOI: 10.3390/ijms251910757
Este artículo es una revisión científica completa que explica por qué el estilo de vida sedentario —es decir, pasar largas horas sentado o con poca actividad física— es más que una “falta de ejercicio”: representa un conjunto de mecanismos biológicos y fisiológicos que dañan la salud a nivel molecular, celular y sistémico.
Los autores comienzan destacando que el envejecimiento poblacional ha convertido a las enfermedades neurodegenerativas (como la demencia y el Alzheimer) en un desafío global de salud pública, y que el sedentarismo se ha identificado como un factor de riesgo importante para el deterioro cognitivo con la edad. Más allá de lo que muestran los estudios epidemiológicos, el artículo profundiza en cómo la inactividad prolongada altera procesos biológicos fundamentales.
A nivel molecular, el sedentarismo se asocia con aumento de estrés oxidativo, inflamación crónica y daño en las rutas de señalización que mantienen la función celular. A nivel celular, puede promover disfunción mitocondrial —lo que reduce la energía disponible para tejidos como el músculo y el cerebro— e interferir con mecanismos que reparan daño en el ADN. A escala sistémica, la inactividad física favorece la resistencia a la insulina, la acumulación de grasa visceral, alteraciones en el metabolismo de lípidos y factores proinflamatorios circulantes.
El artículo también explica que estos efectos no se limitan al cuerpo: incluso si alguien cumple con las recomendaciones mínimas de ejercicio, pasar muchas horas sentado sigue perjudicando la salud cerebral y la función cognitiva, incrementando la vulnerabilidad al deterioro mental con la edad.
Finalmente, los autores argumentan que la actividad física regular (incluida la combinación de ejercicio estructurado, actividad cotidiana y estimulación motora y cognitiva) puede contrarrestar muchos de estos mecanismos nocivos, promoviendo resiliencia biológica y ralentizando el envejecimiento saludable.