Ekelund, U., Tarp, J., Ding, D., Sanchez-Lastra, M. A., Dalene, K. E., Anderssen, S. A., Steene-Johannessen, J., Hansen, B. H., et al. (2026). Deaths potentially averted by small changes in physical activity and sedentary time: an individual participant data meta-analysis of prospective cohort studies. The Lancet, 407(10526), 339–349.
DOI: 10.1016/S0140-6736(25)02219-6
Este estudio analiza una pregunta sencilla pero muy relevante: ¿qué pasaría si las personas aumentaran solo unos minutos al día su actividad física o redujeran un poco el tiempo que pasan sentadas?
Para responderla, los investigadores reunieron datos de miles de personas adultas que llevaban dispositivos que medían de forma objetiva cuánto se movían y cuánto tiempo permanecían sedentarias. Con esa información calcularon cuántas muertes podrían evitarse si se produjeran pequeños cambios en el movimiento diario.
Los resultados muestran que incluso incrementos muy modestos, como añadir 5 minutos al día de actividad física de intensidad moderada o vigorosa, pueden tener un impacto importante en la reducción del riesgo de muerte. Los beneficios son especialmente claros en las personas menos activas. Del mismo modo, reducir el tiempo sentado unos 30 minutos al día también se asocia con una disminución significativa del riesgo.
Lo más relevante del estudio es que no habla de grandes entrenamientos ni de cambios radicales, sino de ajustes realistas y asumibles en la vida cotidiana: caminar un poco más, levantarse con mayor frecuencia o incorporar pequeños desplazamientos activos. El mensaje principal es que el movimiento, incluso en pequeñas dosis, tiene un efecto acumulativo y medible sobre la salud.
Este trabajo refuerza la idea de que la prevención puede comenzar con cambios simples y alcanzables en el día a día.