Esta recomendación del Consejo de Europa pide a los países que organicen mejor los cuidados sociales para que las personas puedan seguir viviendo con apoyo, seguridad y dignidad a medida que envejecen, especialmente en comunidades pequeñas y zonas rurales.
El texto parte de una realidad clara: en muchos pueblos y barrios envejecidos faltan servicios cercanos, profesionales suficientes y apoyos continuos. Esto provoca aislamiento, sobrecarga familiar y dificultades para mantener la vida cotidiana. La recomendación anima a reforzar los cuidados de proximidad, mejorar la atención en el hogar y coordinar servicios sociales, sanitarios y comunitarios para que funcionen como un todo.
También insiste en prevenir problemas antes de que aparezcan, apoyando la autonomía, la vida activa y la participación en la comunidad. En lugar de centrarse solo en la atención cuando la dependencia ya es alta, propone actuar antes, con apoyos flexibles y adaptados al territorio.
La recomendación destaca la importancia de cuidar en comunidad, apostando por servicios bien organizados, accesibles y pensados para la realidad local. Así, los cuidados dejan de ser una respuesta de urgencia y pasan a formar parte de una estrategia estable que permite seguir viviendo en el entorno habitual con calidad de vida.