El Transporte a la Demanda es un servicio público que permite desplazarse en zonas rurales o con poca población mediante rutas que se activan solo cuando alguien las solicita. En lugar de líneas fijas con horarios rígidos, el transporte se adapta a las necesidades reales de las personas, conectando pueblos con centros de salud, comercios, servicios administrativos o núcleos urbanos cercanos.
El sistema funciona con reserva previa, normalmente por teléfono, y utiliza vehículos adaptados a trayectos locales. Esto evita viajes vacíos, reduce costes y garantiza que el transporte siga existiendo incluso en zonas donde un servicio convencional no sería viable.
Este modelo facilita mantener la autonomía y la movilidad cotidiana, especialmente en territorios dispersos, y ayuda a que las personas puedan seguir viviendo en su entorno sin depender siempre de terceros para desplazarse.