En sus inicios, el programa tenía un alto componente de innovación, pues respondía a una necesidad que no estaba siendo atendida desde otros recursos.
Se basó en una definición de Gotxon Bernaola que dice que “Innovación es todo cambio no sólo tecnológico, basado en conocimiento, no sólo científico, que aporta valor, no sólo económico”. La práctica utiliza elementos creativos basados en la relación, acompañamiento y participación.
Se trata de obtener el nivel máximo de cohesión social y bienestar individual, la implicación y participación personal y de las entidades desde el reconocimiento de la autonomía y potencial de las personas participantes.
Se pone en relación a las personas con los recursos de un barrio para dar una respuesta colectiva a un problema social y se proclama que las personas somos interdependientes y por tanto los recursos más eficaces para mitigar situaciones de las propias personas.
Se utiliza una metodología de proximidad activa, es decir, de “ir a buscar” a las personas en dificultad allá donde se encuentren y evidencia la conveniencia de avanzar hacia nuevos modelos de “ser profesionales”.
Las propias personas a las que se dirige el programa planifican, diseñan e implementan las acciones y actividades. Les convierte en co-diseñadores y en un importante recurso tanto en la difusión del programa, captación de personas y desarrollo de las actividades. Y en sí mismos, son la respuesta a un problema social compartido, como es el problema de la soledad de las personas mayores.